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Un gran
número de medicamentos han sido recomendados contra las picaduras de
abejas (adrenalina, medicamentos esteroideos como la cortisona, etc), no
obstante el único remedio verdaderamente oportuno es la extracción del
aguijón junto con el saco del veneno.
Es conocido
que cuanto más se demora en retirar el aguijón, más veneno pasa a la
sangre. La abeja después de picar al sujeto o al animal se apresura
instintivamente a alejarse, pero los dentículos (mellas) del aguijón lo
retienen con firmeza en la piel, junto con éste quedan no sólo las
glándulas venenosas y el saco del veneno, sino también los ganglios
nerviosos de la cadena abdominal (centro nervioso) que asegura la
inervación automática del aparato vulnerante fuera del cuerpo de la
abeja, continuando por eso el veneno su penetración en la piel de la
víctima. Es por eso, que se recomienda extraer este lo más pronto
posible; pero en la mayoría de los casos, la persona picada trata de
retirar el aguijón con los dedos y de ese modo comprime hacia la piel toda
la reserva de veneno contenida en la glándula. Es preciso por lo tanto,
obrar con rapidez y extraer correctamente el aguijón con ayuda de los
extremos de las uñas dispuestas en forma de pinzas, conservando de esta
forma en la bolsa del veneno la mayor parte del producto.
Para
algunos investigadores, las picaduras de abejas pueden causar dos
tipos de trastornos: la patología tóxica, cuando al menos 50 abejas pican un
sujeto al mismo tiempo, y la patología alérgica, causada por una sola
picadura. Por lo común, los apicultores toleran mejor un mayor número de
picaduras simultáneas, con respecto a los sujetos no
apicultores.
Brooks y
colaboradores, desarrollaron en los EEUU estudios de toxicidad en ratas,
perros y monos Rhesus empleando veneno de abejas. En estos tests, los
autores demostraron que la dosis letal media (LD 50) de veneno quedaba
establecida en 1,75 mg/kg intravenoso (I.V) y 3,50 mg/kg subcutáneo (S.C)
para ratas; 1,75 I.V y 3,50 S.C para perros y 2,50 IV y 5.0 S.C para
monos. En todas estas especies, el veneno administrado por
cualquier vía en dosis letales, produjo la muerte, aparentemente por paro
respiratorio.
Se ha
comprobado que el principal factor alergénico del veneno de abejas lo
constituyen las fosfolipasas; estas pueden interferir el funcionamiento del
centro respiratorio, aunque también se reporta a la melitina como
causante de reacciones alérgicas en ciertos pacientes.
Luego
de establecer las dosis letales del veneno, otros
investigadores del equipo de Brooks procedieron a fraccionar el mismo, y
al valorar los efectos de sus componentes comprobaron que la fracción
Fosfolipasa A2 produce cambios idénticos a los observados con el
veneno entero; manifestándose con una caída pronunciada de la
presión sanguínea, disminución en el ritmo cardíaco y
finalmente un paro respiratorio total. La DL50 intravenosa de esta
fracción fue de 2,2 mg/kg. Por su parte la LD50 de otros componentes
se comportó en 3,5 mg/kg para la melitina y 2,8 mg/kg para el cardiopep.
El
principal inconveniente del veneno de abejas lo representa su
capacidad de disminuir la presión arterial, por lo que algunos
autores recomiendan inyectar previamente vitamina C o cafeína antes de
administrar veneno de abejas, con el objetivo de eliminar la
posibilidad de una hipotensión brusca.
Se
prohíbe administrar veneno de abejas a pacientes que presentan fiebre,
stress emotivo, insuficiencia cardiaca y renal y astenia debido al
insomnio. Sin embargo, si eliminamos las fosfolipasas del veneno de abejas,
la toxicidad del mismo y los principales inconvenientes de su
administración desparecen casi por completo.
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